miércoles, 28 de diciembre de 2016

PUDISTE CON ESTE, PODRÁS CON EL QUE VIENE! 💗







Es terrible fingir que estas bien cuando no lo estas, es terrible sonreír cuando lo único que quieres es llorar, es terrible callar tus sentimientos, es terrible callar lo que realmente sientes con la sociedad porque ellos jamás entenderán cuál miserable puedes llegar a sentirte por situaciones mínimas o grandes. Es terrible callarte cuando lo único que deseas es gritar, es terrible tener que quedarte, cuando lo único que quieres es huir. Es terrible ser la persona que todos quieren de ti, y no ser lo que tú realmente quieres ser. Es terrible ser un estereotipo ¿no? Por eso este año que viene te invito a que no te calles cuando quieres hablar, que no te contengas cuando quieras gritar, que no te retengas una risa o no explotes en llanto. Te invito a correr lejos cuando no quieras quedarte, te invito alzar la voz cuando no estés de acuerdo con algo, te invito a que te diviertas como si no hubiera un mañana, que te diviertas como cuando eras un infante y no te importaba si las personas pensaban que eras un tonto por comportarte de tal forma ¡Diviértete! Ya habrá más días para arrepentimientos y muchos otros para decir ¡Que va, lo hice y me sentí feliz!  Te invito a que duermas más de ocho horas y te quedes todo un día en pijama, te invito a que madrugues y veas el amanecer. Te invito a que no duermas y te vayas en vivo a cualquier lado, te invito a que te duermas temprano y veas lo rico que es dormir tus horas.
Te invito a que te enojes y saques toda tu furia en un fuerte grito. Te invito a que seas un antisocial y disfrutes de tu soledad. Te invito a que salgas con tus amigos a cualquier lugar, te invito a que convivas más con tu familia. Te invito a que te des la oportunidad de enamorarte y amar locamente, ya que es de la única forma en la que se puede disfrutar al amor. Te invito a que no tengas miedo y te entregues en cuerpo y alma por esa persona, al fin de cuentas ¿De qué sirve amar a medias?  Te invito que llores cuando quieras llorar y por los motivos que quieras hacerlo. No importa si es por una escena de una película, si es por un desamor, si es porque no pudiste ir o comparar aquello que tanto querías y/o en el peor de los casos (espero que sea por lo último que llores) La pérdida de un ser amado.
Llora por lo que tengas que llorar, y saca de ti eso que no te deja ser feliz. Te invito a que también llores de felicidad, que llores de tanto amor que sientes, que llores por entusiasmo, que llores por asombro, que llores incluso sin saber exactamente por qué.
Te invito a que escuches el género de música que más te guste, que repitas esa canción una y otra vez hasta que quedes harto de ella. A que bailes y hagas el ridículo por sentir la música en todo el cuerpo. Te invito a que bailes una pieza lenta y que lo hagas con la persona que te gusta o amas. Te invito a que comas aquello que tanto te gusta, que comas aquello que no te gusta, pero que le hace bien a tu salud. Te invito a que te des la oportunidad de probar nuevos alimentos. También te invito a que cocines y hagas tus propias creaciones. Te invito a que comas solo y que si comes en compañía, te invito a que seas compartido. Te invito a que des las gracias por los alimentos que estas ingiriendo y así mismo las manos que prepararon los mismos. Te invito a que te animes hacer eso que siempre has querido y que por una u otra cosa no lo has hecho. Te invito a que seas más extrovertido. Te invito a que seas más precavido. Te invito a no tener miedo. Te invito a que trabajes en algo que te gusta y que no lo hagas solo por dinero, y si lo haces por dinero, te invito que te escapes de vez en cuando lejos de ese martirio. Te invito hacer cambios en tu vida y en tu persona. Que no te quedes con ganas de hacerte ese corte de cabello, de teñírtelo o de hacerte ese tatuaje o piercing que tanto quieres. Recuerda que el que se hará el cambio eres tú, no aquella persona que te dice que no lo hagas. Te invito a que leas todos los libros que sean posibles, no importa el autor, el género o el número de páginas. Lee y piérdete un rato en la lectura. También te invito a que escribas. Que escribas sobre ti, sobre el clima, sobre lo que te duele o lo que te gusta, que escribas sobre tu vida y tus vivencias, que escribas sobre cualquier cosa, pero escribe. Te invito a que este año te fijes más en los pequeños detalles que te ofrece el mundo. Que mires a tú alrededor y disfrutes de las nubes, de los pájaros, de la lluvia y hasta del mal clima. Te invito a que te perdones. Que te perdones de aquello que no hiciste, que no dijiste. De aquello que hiciste o no hiciste. De aquello que paso o que no paso. Perdónate y amate que no hay ser más maravilloso que tú. Y así como te invito a que te perdones, perdona. Perdona aquello que te dijo o que no te dijo, que hizo o que no te hizo. No hay mejor regalo que el perdón, porque al fin de cuentas, al único que le hará daño cargar con eso, será a ti y a nadie más que a ti. Te invito a que te ames y dejes ese rencor que posiblemente alguna vez sentiste o sientes hacía ti. Amate física y mentalmente. Pues no hay otro ser humano que te iguale o se parezca a ti y eso te hace hermosamente perfecto. Te invito que este año no seas un estereotipo o un estigma más.  No importa tu sexo, tu género, tus preferencias, tus gustos, tu religión o nacionalidad. No seas lo que otros quieren y por primera vez, se lo que realmente te grita tu ser y tu espíritu.

Te invito a que vivas y no vayas en automático.

Pudiste con este año. Sé que podrás con el que viene.
¡FELICES FIESTAS!

lunes, 27 de junio de 2016

TE HE VISTO ANTES ♡
















Te he visto tantas veces, que incluso ya memorice tu rostro.
Te he visto con tanto amor, que pareciera más un recuerdo, que solo un sueño.
Te apareces en diferentes fechas. Incluso, en diferentes años.
La primera vez, aun estabas dentro mío. Y yo te miraba atenta a través del espejo.
Mi rostro era el mismo, solo con algunos años más y mi pansa estaba radiantemente redonda y grande. No paraba de sonreír, sabía que estabas ahí, no sabía tu sexo, sin embargo, ya te estaba amando con todas mis fuerzas.
No le tome mucha importancia al principio, pues era demasiado sub realista en ese momento.
Sin embargo, volviste a mí. Te volví a ver, solo que esta vez, ya no dentro de mi vientre.
Y me enamore profundamente.
Me sentía extrañamente protectora hacia a ti. Hacia tu frágil y delicado cuerpo.
 Entonces lo supe. Por primera vez, descubrí el amor verdadero al mirar tus grandes ojos brillantes, acompañados de unas hermosas pestañas largas.
Esa fue la primera vez que desperté amándote y extrañándote con demencia.
Sentía una extraña sensación de necesitar abrazarte.
Estábamos en un parque acuático.
Asustada me veías porque dudabas en aventarte del tobogán.
Recuerdo bien tu trajesito rosa y tu salvavidas transparente.
Te mire fijamente con una sonrisa amorosa y te dije que no tenías por qué preocuparte, pues tu padre te aguardaba al final del tobogán para tomarte.
Entonces, solo te sentabas y te adentrabas en el tobogán.
Llámame loca, pero ya te he tenido en brazos antes, ya te he  cuidado y por supuesto, ya te he amado.
Regresaste a mí, meses después.
Y con los mismos meses, ya habías crecido, sin embargo, aun perfecta para tomarte pequeña entre mis brazos.
Sentía claramente cómo te aferrabas a mi cuerpo y yo, como ponía mis manos sobre tu suave cabellera.
Incluso, aun puedo sentirte.
Te sentía segura entre mis brazos, lo supe al sentir tu suspiro en mi pecho.
Nuevamente, no duro tanto como hubiese deseado y al despertar te desvaneciste entre mis ojos con el sol entrando en ellos.
Volvió aquel sentimiento nostálgico de necesitarte en mi vida real.
Por ilógico y absurdo que parezca, te amo.
Anteriormente ya me habían asignado la tarea de cuidar de ti, de ser tu protectora, tu guía y tu mano amiga.
Y ahora, vienen a mí esos recuerdos perfectos tuyos. Y aunque te tardas en aparecer, ya vivo enamorada de ti.
Regresaste un año después.
Lucías distinta, pero aun eras tú.
Como olvidar aquellos ojos de hermosas pestañas largas.
Nos divertíamos bañándonos juntas en la regadera.
Tu sonrisa era inocente y tus ojos irradiaban una luz pura despreocupada.
Me mirabas como si fuese tu propio Dios y yo, como si fueras mi único motivo de estar viviendo.
Colocaba un poco de shampoo en tu cabello, jugábamos hacernos peinados ridículos y tu risa revoloteaba como ecos celestes en la pared.
Salimos y te cubrí con una toalla más grande que tú, te tome entre mis brazos, caminamos y… Te desvaneciste cruelmente.
No te he vuelto a ver, sin embargo no hay día en que no piense que volveré a verte.
No sé en qué vida, en que tiempo o en qué siglo te tuve.
No me rendiré.
Te encontrare nuevamente y te amare con las mismas o mayores fuerzas en esta y en todas las vidas en las que voy  a buscarte.

No te conozco físicamente, realmente…Solo vives en mis sueños y aunque este consiente que es totalmente surrealista cuando te tengo enrollada en mis brazos y te miro con el amor que tú me brindas en tu mirada, sé que fuiste mía y no quieres que te olvide (O al menos es algo que me gusta pensar)  Y te aseguro que algún día te encontrare…No…no te encontrare.
Sé que llegaras a mí, en esta o en otra vida y cuando lo hagas, prometo firmemente no soltar tu mano ni dejarte caer mientras creces.
Prometo darte pistas para que sepas por donde sí y por donde no caminar cuando confundida te encuentres en la vida.
Prometo recordarte lo asombrosa que eres cada día, para que jamás tengas duda de ello.
Prometo hacerte fuerte ante la tempestad, porque aunque no lo quiera, esta vida tiene toda una gama de colores que a lo largo del crecimiento se van mostrando, y cuando te toque conocer la gama de grises, sepas sacar lo mejor de cada situación y que sepas, que inclusive hay más que aprender de un fracaso que de una victoria, que caerse no es malo, que lo único malo sería encariñarse con el piso y para eso estaré yo, para enseñarte que a veces se necesita estar abajo para cuando estés arriba, disfrutes la vista como el mejor espectáculo que tendrás jamás.
Prometo no dejarte sola y que jamás te sientas sola

No te conozco aun, pero ya te amo como sé que ya lo hice alguna vez y como sé que lo hare algún día.

Para ti, la que aún no existes ni en mi vientre, ni en mi vida, pero que me vista en mis sueños y que aguarda en mi corazón.

No me rendiré.
Te encontrare nuevamente y te amare con las mismas o mayores fuerzas en esta y en todas las vidas en las que voy  a buscarte.

miércoles, 6 de enero de 2016

Se fue un año, pero con él llega otro.







Se fue un año, pero con él llega otro.
Golpes fuertes, risas agudas, llantos descontrolados, fuerza bruta, amor, desamor, caídas y levantones. Todo en un mismo año.
Un año se fue y con él se llevó todo lo bueno y malo que hubo en cada uno de sus meses.
Todos pasaron por distintas etapas, no hablare de todos en general, hablare de mí.
En este año hubo muchos cambios en mi vida, buenos y malos.
El amor se encontraba en una balanza. Había empezado bien y con un poco de tiempo todo se volteó y así mismo llego a su fin.
Fue ahí donde empezó el espectáculo más raro que jamás había vivido.
El empleo parecía bien, estaba, lo que llamamos, cómodo.
Laboralmente hablando, el ambiente era bueno.
Buenas personas llegaron a mi vida, buenas amistades y lindas compañías.
Los primeros meses estando en el nuevo empleo fueron extrañamente buenos, fue como si el empezar del año no hubiese lastimado y estaba en un error.
Solo colgaba de mi rostro una venda la cual no me dejaba mirar con claridad.
Auto engaño se le puede llamar.
Pasando los tres primeros meses, vino lo bueno y digo lo bueno porque las cosas se tornaron distintas.
Vi las cosas como realmente eran, ya nada era igual a lo que anteriormente conocía.
Golpe de realidad, lo llamo yo.
El aire soplaba en distintas direcciones y yo no encontraba mi rumbo.
Con el paso de tiempo cambie un poco mi forma de ser. Llámalo bueno, llámalo malo.
Yo le digo crecimiento personal ¿Madurez?
Claro que sí, al menos si más que antes de empezar este año viejo.
Es verdad que el tiempo pasa y todo cambia. A veces asusta como cambia todo tan repentinamente, asusta porque jamás lo idealizaste o si quiera pensaste que podría pasar.
Uno no va por la vida pensando que le va pasar algo desagradable, al contrario, uno va por ahí pensando que probablemente algo bueno le espera del día.
Y aunque muchas veces no sea así, debemos traer la frente en alto.
No digo que sonrías todo el tiempo, pues es cansado fingir una sonrisa cuando lo único que quisieras es llorar.
Sin embargo, si sonríes, le das un mensaje positivo a tu cerebro y las cosas irán mejor.
Por eso, no digo que este año que paso fue fácil para mí.
Fue duro al principio, seco poco después y poco a poco se suavizo, no de la misma manera en la que estaba acostumbrada, pero vaya que el tiempo ayuda a remediar daños colaterales del pasado.
El año nuevo dejo atrás a todo lo malo y lo bueno que el anterior dejo, te da una oportunidad de empezar de cero.
Todos empezamos de cero y no por eso no te vas a equivocar.
De eso se trata la vida, de equivocarte y de enderezarte.
Por eso te deseo un año mejor que el que paso.
Que empieces de cero, que te equivoques, te que endereces, peor que jamás vuelva sa cometer el mismo error que en el año pasado, paso.
Ve nuevo comienza con una sonrisa, porque lo bueno de los finales…
Es que puedes empezar de cero.

martes, 3 de noviembre de 2015

Amor










Me canse de los falsos amores, de los te quiero incompletos y de las falsas promesas.
El amor nació puro, el humano lo convirtió sombrío.
Nació siendo luz, pero el humano enloqueció de poder, de furia, de celos y una parte de  él quedo opaca y sin color.
Nos convencimos que tenemos que sufrir para poder disfrutar lo bueno.
No tenía que ser así.
Carente de coherencia, el humano se convenció poco a poco, que después de la tormenta viene el arcoíris, porque sin lluvia no sale este resplandor de luz multicolor.
Falta de visión.
El arcoíris sale con el mínimo roció de agua a contra luz. Y el agua no precisamente viene de una tormenta furiosa.
Puede venir de un tempestuoso lago entre las montañas o  del revote de las olas del mar en la arena. Incluso, de la tranquila ducha por las mañanas.
El amor no tiene que doler, pero el humano se convenció, que el amor duele.
Pero no. No es así.
Me canse de suplicar de rodillas con plegarias a seres que sientes más cercanos que las propias personas a tu alrededor.
El amor no es algo que se pide, se suplica o se ruega.
El amor, es amor y punto.
Si se tiene que pedir, no lo es.
Cuantas lágrimas se derraman al año por esta falsa definición que se tiene del mismo.
Y después, poco a poco, simplemente el ser humano se reúsa a volver a sentir amor y le da alexitimia en el corazón.
Me canse de preguntarme si realmente alguien, alguna vez, sentirá ese mismo amor que el corazón sintió.
Si alguien es capaz de jugársela por el alma atrapado del cuerpo que seguramente, se la jugaría por ese ser.
Basura poética cuando se habla fanfarronerías del amor y no es capaz de entregarlo, si no es capaz de entregarse al desnudo y no precisamente físicamente.
Desnudarse delante de alguien, va más allá a lo reducido de quitarse la ropa delante de ojos ajenos a los tuyos.
Desnudarse realmente no se limita a solo prendas en el suelo.
Se refiere a ser quien eres.
Ilustrando tus sueños en los oídos, en los ojos o en las manos de otra persona.
Mostrar la basura que te atormenta. Tus miedos, tu pasado, tu presente y lo peor de ti.
Reír alegre, reír molesto, reír sarcástico, reír llorando, reír nervioso, incluso reír desganado.
Llorar destrozado, llorar emocionado, llorar furioso, llorar de alegría, llorar y no saber porque.
Lo mejor, lo peor y lo que sueles esconder de ti.
Desnudarte es algo tan complejo, hermoso y atemorizante.
Seguramente y viéndolo desde un punto más arquitectónico, el amor se pudiera comparar con realizar una catedral.
Sin embargo, no todas son tan tempestuosas y no por eso les quita lo hermoso.
Me refiero desde el punto, de que cada quien construye su propia catedral a su gusto, medida y tiempo que desee emplear.
Las más fuertes, duraran tanto tiempo en construirse, que probablemente no se viviría para poder ver el trabajo ya culminado, por fin terminado.
Las menos fuertes, probablemente se reduzcan a ser templos que pronto se podrían ver el comienzo como el mismo fin de la construcción.
Lo malo es, cuando se tiene la visión de realizar la más fuerte y hermosa de las catedrales justo en el centro junto a la persona que solo planea construir una capilla a lo lejos del horizonte para resguardar su amor.
Algo no encaja y con justa razón.
Con el tiempo, te das cuenta o en los peores de los casos decides padecer una falsa ciegues.
Vuelves, no vuelves y te das cuenta que de nuevo eres tú, quien está poniendo toda su disposición ante alguien que se queda de brazos cruzados esperando a que vuelvas después de que fuiste tú quien construyo lo mejor para sí.
El peor error del ser humano es quedarse de brazos cruzados cuando sin duda, fue quien cometió el error.
¿Cómo quieres que una mariposa venga al jardín si este esta tan descuidado?
¿Cómo quieres que la semilla florezca, si no te esfuerzas en siquiera regarla?
El amor es algo que se cuida.
No es algo que se olvida.
Es algo que necesita de tu constancia.
El humano recibe el amor que cree merecer.
Por eso, cada que te sientas incompleto por alguien, no es ese alguien, eres tú y tienes que afrontarte.
Amarte, aceptarte y ser feliz por quien eres.
El amor no es convertirse en el prospecto perfecto de alguien. Si no, en ser l prospecto perfecto de ti mismo, ese que tu niño del pasado desearía ser.
Y al ser el prospecto perfecto de ti.
Ante los ojos de alguien más, serás eso mismo.
Las catedrales más famosas no tienen firma, quedaron en anónimo. Sin embargo, embellecieron la ciudad.
Y se tiene una franqueza, de que ninguna seria construida o repetida jamás.
Pues sería un trabajo de toda una vida.
Si se sabe construir el amor vestido de catedral, jamás nadie igualara la fuerza, el entalle y la dedicación que le empleaste.
Y si lo haces realmente bien…
Dejaras una huella imborrable que otros podrán apreciar en un futuro.
Y jamás a nadie se le olvidara que estuviste ahí. 

lunes, 7 de septiembre de 2015

PARA DARNOS CUENTA...










Lo tuyo es fantasmal.
Voy por ahí aun con el fantasma de tus recuerdos.
Cariño, pero si lo teníamos todo ¿cierto?
Aún tengo una memoria táctil de tus ojos al anochecer, tus manos tan frías recobrando calor sobre las mías.
Si, aun tengo una memoria táctil y sutil de las palabras que siempre me decías.
Perversamente dichas para nunca poderlas olvidar…
Tú y yo bailamos sin música, únicamente al compás de la luna, la noche y tus ojos.
Y tu aun vas caminando por las calles pensando que ya te olvide, que tú y yo ya no.
Y yo aún voy en la calle divagando un poco, sintiéndome rotamente tuya. Queriendo cruzar la calle y al dar vuelta en la primer esquina toparme con tu piel y decirte todo aquello que mi corazón por miedo se guardó.
Lo tuyo es tan fantasmal que incluso me asusta mirar a nuestros recuerdos. Pues tu recuerdo me asusta, pues ya no tenemos lo que éramos.
Ahora reímos al compás de otras risas, conversamos con otras voces, somos escuchados por otros oídos y muchas otras veces abrazados desde las extremidades de otros brazos.
¿Pero qué paso? ¿Ya no bailaremos una vez más? ¿Ya  no trepare lo ancho y largo de tus zapatos como una niña con su papá balanceándome de un lado a otro intentando olvidar un poco todo?
Ya no sé si es valentía o cobardía.
Nuestro amor nació para estar en las pantallas grandes de cine. Para ser recordado, para darle replay, porque había muchas cosas que valían la pena volverlas a repetir.
Donde antes había puentes hechos para abrazarnos una vez más, hoy solo existen barreras para no vernos más.
El mundo estaba hecho a nuestra medida. Cada calle, cada puente, cada parque, cada desnivel, cada semáforo. El mundo estaba hecho a nuestra medida.
Se había hecho específicamente para ir tomados de la mano, teniendo una buena o mala conversación.
Sobre todo, sobre nada, quizás sobre el perro que solitario jugaba con una botella en la calle.
¿Y nosotros? ¿Estábamos a la medida?
Cuantas veces nos perdimos en la sonrisa del otro y como olvidar esas otras veces en las que perdíamos la sonrisa si no, nos veíamos.
Cuantas veces dormíamos para seguir estando juntos en nuestros sueños y como olvidar cuantas veces despertamos ya con un mensaje del otro.
Cuantas enfermedades no pasamos juntos, sí. Como olvidar cada té para tranquilizar la gripa del frágil cuerpo del amado, cuantas comidas preparadas para subir las defensas y cuantos piojitos murieron en nuestras manos al tocar tiernamente el cabello del otro.
A veces desgastamos un poco la frase: Te amo. Pero que va, fue música celestial para nuestros oídos.
Cuantas veces fuimos cómplices de piel y cuantas veces fuimos cómplices de nuestro palpitante corazón.
Ahora la realidad está algo torcida.
El sol se pregunta dónde quedaron esos dos locos rondando por las calles, la luna se cuestiona dónde están esos dementes mirándose a los ojos y el aire por supuesto extraña nuestra esencia.
Y yo me pregunto.
¿En dónde quedamos nosotros?
¿En el amor, en el recuerdo, en el ego o en la agonía?
Y ahora que sigue.
Fingir que ya no estamos caminado por las calles donde claramente ya estuvimos de la mano.
Fingir que en cada una de las casas del otro, razonan el eco de las risas de bromas absurdas.
Fingir que no recordamos los pequeños detalles que hacían la diferencia de entre la demás gente.
Esto es un cuchillo que apuñala el alma de apoco. Cada rincón me recuerda que hubo un nosotros.
Y se vuelve más complicado cuando se cruza la calle donde me robaste aquel beso y fingir que nada paso, seguir caminando como si el recuerdo no te señalara un tanto burlesco.
O aquella calle donde corriste la primera vez que arrancaste una flor para mí.
Es verdad que la vida sigue su curso. Pero para alguien que amo tanto, la vida se detiene en cada rincón donde hubo un nosotros.
Y no por masoquismo, sino, porque el recuerdo pesa hasta las trancas.
No diré que asimilo que lo teníamos todo.
Asimilo que quizás ya nunca lo volveremos a tener.
Que quizás tú sigues bailando conmigo en tus zapatos en tus sueños y yo sigo estando sobre tus zapatos en los míos. Y en realidad seguimos bailando juntos, pero somos demasiado ciegos para darnos cuenta…

jueves, 13 de agosto de 2015

TIENE QUE SER..









Todos creen que el amor es algo fácil, concreto.
Sin embargo, no lo es.
Es algo aun, más profundo, que si te llega realmente, no lo puedes sacar de ti ni un segundo.
No cuando realmente lo sientes verdadero.
No cuando realmente toco no solo tu corazón, si no tu alma entera.
Cuando se está tanto tiempo que alguien y compartes una infinidad de momentos con esa persona, es casi imposible poder olvidarlo.
No cuando tienen una bella colección de recuerdos.
No cuando pusiste tú alma en ello o al menos invertiste tú tiempo, tú persona al permitir vivir tantas cosas con ese ser especial.
El peor error del ser humano es, quererse sacar de la mente lo que no ha salido del corazón.
Eso es un error fatal.
Tratas de convencerte que ya no está más
te convences incluso que todo estará bien
Incluso, inviertes tu alma a sobre llevar ese pequeño duelo sin muerte.
Tratando de salir a delante, convenciéndote que puedes recuperar la mitad de persona que quedo contigo, pues la otra mitad se la quedo con aquel ser divino.
Y empiezas.
Empiezas por despertarte por las mañanas obligándote a no pensarlo más, obligándote a no revisar tú móvil esperando ver un mensaje suyo.
Después te levantas, caminas dirigiéndote a tomar una ducha, preparándote mentalmente a obligarte a no pensarlo mientas el agua recorre tu cuerpo desnudo.
Sales, creyéndote triunfador al pensar que lo has logrado.
Cuando en realidad, en lo único que pensabas era en no pensarlo, y al pensar en no pensarlo lo pensaste.
Iluso/a, lo describiría yo.
Caminas hacia la puerta, quizás miraste a tu alrededor para revisar si tu casa estaba en orden, si no dejaste la estufaba prendida o algún objeto eléctrico conectado, pues temes pase una catástrofe al salir de casa.
Te percatas que todo está en perfectas condiciones, sin embargo, olvidas que la única gran catástrofe, lo único mal que olvidaste de revisar, eres tú mismo.
Y sales.
Tomas el primer bus que llega, colocas tus oraculares, un derecho un izquierdo.
Y te dedicas a mirar por la ventana.
La música te recuerda un sinfín de cosas crueles y tan felices a la vez.
Que lo único que esperas, es mirar justo por el cristal y ver a esa figurilla que tan bien conoces, caminando por las calles.
Pero no está. Solo lo imaginas y eso en cierto modo, duele.
En las entrañas y en el hueso.
Justo en el tuétano del corazón. Pero finges estar bien y cambias la canción.
No amigo mío.
El amor es algo que no se olvida, no cuando te hizo sentir tantas cosas.
Estoy de acuerdo, que aún no he muerto como dijeron alguna vez mis allegados.
Por amor no se muere, pero puedes incluso sentir, que así lo fuera.
Buscas su rostro en otras caras
Su aroma en otras pieles.
Incluso tratas de oír su risa en otros labios.
Pero es imposible.
Su presencia  es difana en tu entorno, y su ausencia a veces un poco fugaz.
No esta físicamente, pero está justo en la mente.
No todo el tiempo lo piensas, claro está.
No cada segundo o minuto del día, sin embargo, en el transcurso del día lo piensas.
No todo el tiempo, pero vaya que lo haces.
Y te das cuenta que no.
Aun no estas lista/o para entregarlo todo nuevamente, pues fue devastador la última vez que lo hiciste.
Intentas retroceder para poder llegar al punto donde empezó todo y poder darte cuenta, en que momento fue en el que te perdiste.
La verdad es, que es inútil.
Estoy de acuerdo en que puedas llegar a enamorarte nuevamente, cabe la posibilidad de que puedas llegar hacerlo.
Es solo que para que puedas llegar hacerlo tienes que tomar tu tiempo.
Físicamente no estarás herido, pero tu ser espiritual tiene muchas llagas y heridas abiertas
algunas aún se encuentran sangrando, otras cicatrizando…
Pero creme amigo mío. Ninguna herida sana sin dejar cicatriz.
Así que toma su tiempo, poderlo hacerlo.
Pues recuerda que si fuiste aquel, que entrego todo, a tal punto de entregar la mitad de sí mismo
tardaras un poco más en poder recuperarte.
Pues la mitad de ti mismo, sigue allá
Justo donde pensaste que se iba a quedar.
Y recuperar la mitad de algo que esta tan lejos, es difícil más no imposible.
No digo que no se puede volver a enamorar.
Es solo que tu ser quedara tan derrumbado, que tristemente querrá en automático, tomar precauciones, medidas y construir barreras.
Una tras la otra, con enjambre y fuertes muros.
No amigo mío.
Olvidar algo que duro tanto, no es como tomarse una taza de café.
Y  de nada sirve haber sacado algo, que del corazón no puse un pie fuera.
El amor es así.
Confuso, dramático, doloroso, intrigante
pero vaya que es hermoso.
Así que si, bendito sea aquel, que sufre por amor.
Bendito sea aquel que lo tenga.
Y bendito sea aquel, que guarde uno, como su mayor tesoro.
Porque el amor es así.
Un fuerte golpe de aleluya, cantado por ángel y arcángeles.
Que aunque algunas veces te hagan sentir que tocas las llamas del mismo infierno.
En realidad, solo estas a un paso del cielo.
No maldigo aquellos amores que han tocado mi vida.
Tampoco aquellos que se fueron de ella.
Porque de no haber sonreído bajo su cielo, quizás seguiría recostada en la tierra.
El amor no es algo que se olvide o se supere.
El amor es algo que se guarda para uno mismo.
Y si tienes la suerte.
El amor es algo que compartes a lado de alguien más.
Ojala no sea la mitad o el complemento de lo que tú eres.
Ojala sea todo aquello que creías no existía.

El amor no es algo que se olvide o se supere.
El amor es algo que se guarda para uno mismo.
Tiene que ser…

domingo, 9 de agosto de 2015

HAY DOLORES













Y hay dolores que llevamos dentro, quizás por cobardes, por no quererlos sacar.
Y hay dolores muy profundos, que nos causan miedo, que nos causan cansancio.
Hay dolores que los llevamos en el hueso, en el alma, en las entrañas
que nos causan temor, que nos causan intriga.
Hay dolores muy profundos, muy secretos, muy nuestros
que no contamos, que no hablamos, solo pensamos.
Hay dolores que se olvidaron que están justo ahí, hasta que te das cuenta que jamás se fueron.
Esos son los más peligrosos.
Aquellos dolores que por más que lo intentamos, no los sacamos
Y se quedan anclados a ti.
Se ponen cómodos en un rincón, le salen telarañas, se empolvan
pero justo cuando crees que todo está bien, por primera vez, florecen, justo como lo hacen las margaritas, cuando menos te das cuenta ya se hizo un campo de ellas.
Los dolores son perfectamente humanos, nos hacen recordarnos lo miserables que somos
que no somos los reyes, lo sacerdotes, o los gobernantes del mundo
Los dolores nos vuelven salvajes, cavernícolas
Nos vuelven lo que realmente somos.
Nosotros mismos. Si, imperfectos.
Y te das cuenta que no todo es re confortante.
Somos un sentimiento que llevamos en las entrañas, que nos convierte en fantasmas
divagando en la mente, pues los dolores más profundos, ni con pinturas se pueden interpretar.
Gente muriendo lentamente caminando por las calles, gente triste leyendo libros en un café, gente desanimada fumando cigarrillos, gente que es cobarde y nunca lo dice.
Todos, en cierto punto, lo hemos sido o somos.
Vamos por ahí, llendo despacio por la vida, fingiendo que somos un Dios
que todo está bien, que tenemos el mundo bajo nuestro poder, dominantes
sonriéndose a la gente hipócritamente, hablando bien de los demás solo por encajar.
Basura, todo es basura si lo vez desde otro punto
menos poético, más realista.
La gente va tranquila,  fingiendo no tener miedo
Miedo a ser lastimados nuevamente, miedo al fracaso, miedo a no encajar.
Por eso hay más gente triste, que feliz.
Pues el mundo se volvió una etiqueta.
Y es por eso que guardamos los dolores muy dentro, por simple miedo a la etiqueta.
Quieres llorar, llora.
Quieres reír, ríe.
Quieres maldecir, maldice.
Quieres bendecir, bendice.
Quieres gritar, grita.
Pero hazlo.
La etiqueta es sola la basura que la gente invento para encajar en un mundo, que deliberadamente se había creado, originalmente para ser libre.
Los dolores son peldaños en las vidas de los humanos.
Rupturas, fracasos, desamores, muertes.
Los dolores son parte de nosotros, pero no tan parte.
Y es insoportable llevarlos dentro.
Tenemos la alama llena de luz cuando nacemos y solo con la misma convivencia en el lapso del camino se va haciendo más opaca.
Tenemos el alma llena de luz. Pero la vida no podía ser, solo luz.
Tenía que existir la oscuridad.
Y en esa oscuridad la gente se esconde, por miedo a su propio resplandor.
Gente dejando sus sueños por inseguridad a sí mismos.
Gente rompiendo promesas, por miedo a que la contra parte falle.
Gente suprimiendo carcajadas, por miedo a la etiqueta.
Gente alejándose de la persona amada, por simple miedo.
Y es aquí cunado el dolor florece.
Y te desgasta
Y te agobia.
El dolor se crea por ti mismo, y solo tú, eres capaz de sobrellevar eso mismo
Solo tú decides que tanto te afecta, y hasta que tiempo lo hará.
Sin embargo hay que tener bien puestos los pantalones para hacer que este corra y huya de ti.
Fácil no es, pero nada que valga la pena lo será.
Es un efecto colateral de la misma vida. Lo quieres, lucha por él.
El dolor es tan tuyo, que puedes hacer con él lo que sea
Guardarlo, afrontarlo o ignorarlo.
Tú decides.